Miriam Prieto:
Radiografía de la nueva
hornada de emprendedores: No tienen tanto ‘glamour’
como sus predecesores. Los proyectos de los nuevos
emprendedores de Internet son más modestos,
pero más realistas.
"Si hubiéramos empezado en pleno
boom de Internet quizá habríamos
tenido más problemas. Habríamos
entrado en la espiral del dinero fácil
y así es difícil tener los pies
sobre la tierra”. Elena
Rasero cree que haber lanzado su empresa
en época de crisis es casi una ventaja.
Esta joven de 28 años es una de las cofundadoras,
junto con Cecilia de la
Hoz, de E-valora,
una compañía especializada en la
realización de valoraciones financieras
a través de la Red.
Estas emprendedoras se lanzaron cuando el crack
de las puntocom era una realidad. Y se encontraron
con que se había cerrado el grifo de las
inversiones multimillonarias. Al final, consiguieron
reunir entre inversores particulares, familiares
y amigos los 144.243 euros –veinticuatro
millones de pesetas– para constituir el
capital social. La compañía espera
facturar 900.000 euros –150 millones de
pesetas– en 2002, cuando prevén alcanzar
la rentabilidad.
Su caso es similar al de otros empresarios que
se han aventurado en un momento marcado por el
e-pesimismo. La primera consecuencia de la crisis
ha sido que se ha frenado el espíritu emprendedor
en Internet. Por ejemplo, en la primera edición
de La Factoría de Internet, una iniciativa
de Recoletos Grupo de Comunicación para
fomentar el encuentro entre el capital y las ideas,
se presentaron cerca de quinientos proyectos.
En cambio, este año la cifra rondó
los 150, aunque la calidad de los planes de negocio
fue superior.
Las empresas de estos emprendedores tienen un
perfil similar: son proyectos modestos que nacen
con una inversión reducida, buscan ingresos
desde el primer mes de operación, controlan
sus gastos y pretenden ser rentables a corto plazo.
Tienen menos glamour que sus predecesores, quienes
apoyados por grandes inversores creían
que se iban a comer el mundo, pero son más
realistas. “Son más pragmáticos.
No piensan en un negocio que va a perder mucho
dinero hasta que dé grandes beneficios
dentro de muchos años. Ahora se lanzan
pequeños negocios que quieren ser rentables
a corto plazo, algo que no existía hace
dos años”, explica Enrique Grasset,
director ejecutivo de Axel Group.
Menos dinero
La primera gran traba para esta nueva hornada
de emprendedores ha sido la falta de financiación.
Los mismos inversores que en la época del
boom no analizaban en profundidad dónde
ponían su dinero, ahora se han vuelto tremendamente
exigentes. Si Netjuice naciera en estos momentos,
tendría difícil conseguir los 63
millones de euros –unos 10.500 millones
de pesetas– que levantó en pleno
boom de inversores como 3i, Fibanc, GE Equity
y FCC. En la actualidad prácticamente no
hay financiación de capital riesgo para
Internet. Según la Asociación Española
de Entidades de Capital Riesgo (ASCRI), en el
primer semestre se destinaron a proyectos de Internet
9,3 millones de euros –1.546 millones de
pesetas–, el 1,6% de la inversión
total.
La solución es buscar el capital entre
familiares, amigos e inversores particulares,
como hicieron los primeros emprendedores de Internet
en España –empresas como Ozú,
Hispavista o Ciudad Futura– que empezaron
a mediados de los noventa.
Los nuevos empresarios recurren a las mismas
vías de financiación que los emprendedores
de la economía tradicional: préstamos,
créditos y subvenciones. Por eso los proyectos
son más modestos. El lado positivo es que,
como no tienen dinero, tampoco pueden hacer inversiones
injustificables como destinar cinco millones de
euros al lanzamiento de una cibertienda –lo
que hizo Ecuality con Diversia–; ni asumir
una gestión de costes relajada como Recol,
que gastaba mensualmente 2,7 millones de euros,
unos 450 millones de pesetas.
Control de gastos
Estas compañías saben que tienen
que mirar con lupa dónde destinan cada
peseta. El control de los gastos es una de las
lecciones que han aprendido de los errores de
sus predecesores. La gran mayoría son pequeñas
empresas con una estructura muy ajustada. “Las
empresas se dimensionan de acuerdo con las posibilidades
del negocio y no al revés, como antes”,
apunta Grasset.
En Bakata, un intermediario de contenidos, trabajan
cuatro empleados; en NoMeFio.com, una empresa
que ofrece información empresarial en Internet,
tan sólo dos. “Estamos trabajando
con gran austeridad porque no podemos gastar dinero
con frivolidad”, explica Javier Larrondo,
director general de la compañía.
Esta máxima es ineludible cuando se quiere
salir adelante y hay poco capital detrás.
NoMeFio, que ha invertido 120.000 euros, espera
recuperar la inversión a principios de
2002, cuando tienen previsto facturar 960.000
euros (casi 160 millones de pesetas),. El modelo
de esta compañía es ofrecer información
gratuita para atraer a clientes, a los que luego
ofrecer servicios de pago.
Este austeridad se refleja en la poca inversión
en márketing. NoMeFio tiene más
de 25.000 usuarios registrados y no ha gastado
ni una peseta en publicidad desde que empezó
a operar la pasada primavera. “Si el servicio
aporta valor, en Internet funciona muy bien el
boca a oído”, explica Larrondo. También
afecta a la política de acuerdos. Todomaletas,
una cibertienda especializada en la venta de artículos
de viaje, ha preferido firmar acuerdos con agencias
de viajes virtuales como eDreams, en vez de con
portales generalistas. “No tiene sentido
pagar diez millones de pesetas al año por
aparecer en un gran portal, porque es una inversión
que no recuperas a corto plazo”, explica
Gorka Azurmendi, cofundador de esta tienda que
ofrece cerca de quinientas referencias.
No todos los nuevos emprendedores son de la misma
opinión. José Mercader, que ha lanzados
varios portales en la Red como Madeinspain o Inmoworld,
no renuncia a la inversión en publicidad
y márketing. Su nueva iniciativa es Cityservi,
un portal que ofrece servicios de profesionales
del hogar, que ha destinado 2,1 millones euros
a la campaña de lanzamiento. Según
la compañía, esta campaña
les ha reportado medio millón de usuarios
únicos en tres meses. Cityservi tiene un
modelo de ingresos basado en las comisiones –entre
un 10% y un 15% de la facturación que genera
a sus asociados–, a los que también
cobra 239,8 euros en concepto de mantenimiento
anual.
Ingresos y rentabilidad
La falta de gran financiación que apoye
el proyecto obliga a estos pequeños negocios
a buscar ingresos desde el primer día.
“Si no tienes mucho capital respaldándote
no puedes permitirte el lujo de pensar a cinco
años vista”, apunta Javier Rivera,
consejero delegado de Clase Ejecutiva y profesor
del Iese. Este ex subdirector general de Telefónica
ha invertido junto con otros tres socios 90.000
euros y un año de trabajo a diseñar
un portal de e-learning sobre gestión empresarial.
“Es imprescindible identificar las fuentes
de ingresos, para lo que hay que analizar qué
necesidades de tus clientes puedes resolver”,
explica. En su caso, detectaron que Internet permitía
que la formación empresarial de calidad
fuera más accesible a directivos de pymes,
emprendedores o directivos de segundo nivel de
grandes empresas. Para ello han diseñado
un sistema a la carta que combina la formación
teórica, los casos prácticos y la
interactividad. El objetivo: cubrir gastos de
operaciones en este primer curso académico.
La búsqueda de la rentabilidad a corto
plazo es otra de las características que
comparten los nuevos emprendedores. Desde este
verano, Bakata ofrece a través de Internet
contenidos digitales de más de 35 proveedores.
La empresa espera ser rentable en septiembre del
próximo ejercicio, en el que tienen previsto
facturar 190.000 euros. “Nuestro principal
objetivo ha sido facturar desde el primer mes
de operaciones y nunca hemos pensado en crecer
a cualquier coste, como se hacía antes”,
explica Alex Guerrero, uno de los fundadores de